
El 2025 fue un año intenso. Un año de cierres, de cambios profundos, de mirar hacia dentro más de lo que quizá nos habría gustado. En numerología se conoce como un año 9, un ciclo de finalización, de limpieza, de dejar atrás lo que ya no puede continuar.
Y después de ese cierre llega el comienzo. El 2026 abre un nuevo ciclo, un año 1, que habla de decisiones, de dirección, de tomar las riendas y empezar algo distinto. Un momento en el que la vida parece empujarte hacia delante, aunque no siempre te sientas preparado.
Así lo estoy sintiendo yo. Como si soplara un viento de cola que te obliga a avanzar más rápido de lo que pensabas, que te enfrenta con asuntos que llevaban tiempo esperando y te pide que te posiciones, que elijas, que te acerques a lo que de verdad es tuyo.
Hay momentos en los que todo empieza a aclararse. Lo que antes estaba disperso se define, lo que parecía confuso se vuelve evidente, y uno siente que ha llegado el momento de soltar lo que ya no encaja para acercarse, por fin, a una versión más auténtica de sí mismo.
Seguro que has sentido alguna vez esa inquietud difícil de explicar. La sensación de que tu vida ya no puede seguir igual, aunque no sepas exactamente qué es lo que tiene que cambiar. Como si algo dentro te empujara a moverte, a buscar, a salir de lo conocido sin tener claro todavía hacia dónde vas. Todos buscamos lo mismo en el fondo: un lugar al que pertenecer, un sentido, una forma de vivir que encaje con lo que somos de verdad.
Yo pasé muchos años en una búsqueda así. Buscaba un lugar donde volver a empezar, una vida que sentía que había perdido, una dirección que me devolviera el sentido. En realidad, me estaba buscando a mí misma.
Fue un camino largo, y a veces muy duro. Hubo momentos en los que sentí que mi identidad se desdibujaba, que dejaba de reconocerme, que todo lo que creía ser empezaba a perder sentido. Lo que hasta entonces había dado por hecho ya no encajaba, como si la vida me obligara a atravesar una muerte interior para poder reconstruirme desde otro lugar, para empezar de nuevo.
Con el tiempo entendí que aquello no era el final. Era el comienzo de una vida completamente distinta.
En medio de toda esa sacudida hubo muchas cosas que cambiaron, pero también hubo dos que se mantuvieron firmes desde el principio: mi familia y el yoga.
He vivido varias vidas dentro de esta misma vida. Durante años viajé, viví en otros países, me formé con maestros, entrené, estudié y empecé de nuevo muchas veces. Fueron años intensos, a veces caóticos, en los que el yoga, el entrenamiento y el trabajo interior se convirtieron en una forma de mantenerme en pie cuando sentía que había perdido el rumbo.
Y, sin embargo, fue precisamente en ese perderme donde empezó realmente el camino.
Con el tiempo entendí que todo ese trabajo iba mucho más allá del cuerpo. Que la práctica era solo la puerta de entrada a algo más profundo. A través del movimiento empecé a atravesar emociones, a soltar bloqueos, a deshacer capas que llevaba años acumulando. Y en ese proceso apareció una fuerza distinta. No solo física, sino mental, emocional… y también espiritual.
Y así, poco a poco, el camino empieza a despejarse. Sigues avanzando sin tenerlo todo claro, pero algo dentro se va ordenando. Un día te sientes más fuerte, más serena, más en tu sitio. La vida no deja de ser difícil, pero tú ya no la vives igual. Aprendes a estar contigo, a confiar, a caminar con más conciencia. Y desde ahí, todo empieza a tener sentido.
La vida es un viaje largo, lleno de vueltas, de pérdidas y de descubrimientos. Hoy siento que estoy en un lugar que durante mucho tiempo ni siquiera sabía que existía. El camino se ha ido aclarando, y por primera vez en mucho tiempo puedo ver con nitidez dónde estoy y hacia dónde quiero ir.
No todo es fácil, nunca lo ha sido. Pero hay momentos en los que el viento sopla a favor… y entonces solo queda confiar y seguir caminando.
Un abrazo,
Pati


