No vivo como vivía hace un año, ni hace dos, ni hace diez. Mis circunstancias han cambiado: al principio de forma drástica; con el tiempo, de manera significativa. La vida me ha exigido adaptarme a nuevas formas de pensar, de estar y de funcionar, una y otra vez, cada día, año tras año.

En el proceso he perdido muchas cosas y también personas. El viaje interior es largo y solitario, y acaba sacándolo todo a la superficie: lo superfluo de una misma y de las relaciones. Todo.

Es difícil verse obligada a cambiar y que un día los demás ya no te reconozcan. Se pierde mucho, sí. Pero con lo que queda acaban formándose lazos indestructibles. He aprendido a abrazar los cambios, incluso a celebrarlos, y esa aceptación ha movido la tierra bajo mis pies.

Hoy el horizonte es luz, y las vistas son bonitas y esperanzadoras. Solo quiero seguir caminando: conscientemente, alegremente, con paso firme. Hundir mis pies descalzos en la tierra húmeda. Beberme los días. Exprimir cada experiencia que la vida me ponga delante como si fuera la primera, como si fuera la última.

Hoy nace mi nueva web. Se ha estado cocinando a fuego lento durante meses. Desde aquí me gustaría seguir compartiendo mi visión de esta maravillosa aventura que es la vida: lo que me empuja a moverme, a seguir aprendiendo, a seguir hacia delante.

Todo lo que hago —la manera en que vivo, las decisiones que tomo— nace de un mismo lugar: de un proceso en continua evolución. Una misma historia con múltiples brazos: el yoga y mi experiencia vital; el cambio, el crecimiento, la transformación. Como infinitos arroyos que desembocan en un mismo río que conduce al mar.

La transformación es un proceso alquímico, un tema que me apasiona. Porque lo he vivido y porque conozco el enorme desafío que conlleva. Sé lo difícil que es hablar de fe y de esperanza cuando estás atrapada en un lugar donde siempre es de noche. Atravesar la noche oscura del alma es aterrador, pero también te lo enseña todo.

La vida con sus dos caras: el yin y el yang; la cara y la cruz; el día y la noche. Hundirse para morir y resucitar. Volver a la vida para vivir en una piel nueva.

Es un proceso catártico que te cambia desde la raíz. Te vuelve resiliente, paciente y valiente, pero también vulnerable. Te arranca muchas cosas de encima: creencias, la necesidad de encajar, de pertenecer, de ser aceptada a toda costa. Te quita las gafas. Te lo quita todo.

Pero a cambio te regala otra vida: te trae de vuelta a ti. Y un día, armada con el valioso escudo de las lecciones aprendidas y con el conocimiento más profundo que hayas tenido nunca de quién eres, decides que ha llegado el momento de vivir tu vida como nunca antes. No la vida de los demás: la tuya.

Decides exprimir el tiempo y perseguir tus sueños. Porque ahora sabes que las cosas no duran para siempre. Porque entiendes que el tiempo es precioso y efímero. Y entonces abres la primera página de tu nuevo libro: empiezas a escribir el guion de tu propia historia. Y entonces, todo cambia.